Críticas

Columna de Mercedes Serrato en "El Graderío de la Catedral" de "Sevilla Actualidad"

Sin embargo, contra los chándals, el pulpo Paul y este mundo loco que parece perder el norte en tantas ocasiones, el miércoles pasado surgió un bálsamo, y no hablo del partido con Alemania, evidentemente. En la calle San Luís, en Escénica, capitaneados por Juan Duque, actores y músicos estrenaban Las preciosas ridículas de Molière. No niego que acudí por la amistad con Juan, igual que si la obra hubiera sido un fiasco no hablaría de ella por muy amigo mío que el director fuese. Un texto inteligente y vivo, precioso en formas, delicado en la comedia, hizo que volara una hora en la que verdades de otro siglo tenían plena vigencia en el nuestro. Un toque fresco y clásico fue aportado por música en directo, con músicos de verdad, que enfatizaban el texto, ayudaban al humor y soportaban la genial obra. Las protagonistas balanceándose en un columpio, eran la perfecta metáfora de un mundo que presume estar cargado de valores y sensibilidad, pero que en ocasiones resulta vacío e insustancial. Mereció mucho la pena invertir aquella noche en el genio francés en lugar de estar pendiente de lo que ocurría en Sudáfrica.

Espero que por azares de la vida, o por el mérito propio que este equipo tiene, esta obra pueda representarse en algún escenario más, para que más gente pueda disfrutar del genio de Molière y del extraordinario trabajo que este grupo ha realizado.

Mercedes Serrato "La Gata Roma" http://lagataroma.blogspot.com/

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LAS PRECIOSAS RIDÍCULAS

Daniel Lebrato, para Las preciosas ridículas, de Escénica y Juan Duque

La diferencia entre el cultismo español y las ridículas francesas está en que el cultismo en España es cosa de cuatro, literalmente cuatro locos por el idioma y la poesía, eso que llamamos gongorismo o culta latiniparla, mientras que en Francia la préciosité forma parte, como critica más de algún Molière, de la buena educación y es un motivo que condiciona el sí o no de las niñas a sus caballeros pretendientes (o pretenmuelas, que diría Quevedo).

El primer acierto de Juan Duque Oliva es poner a sus preciosas ridículas en nuestra agenda y cartelera. Molière está tan vivo como todos los clásicos: por lo que vemos que el clásico nos enseña de su época, y por lo que el clásico está enseñándonos de la nuestra. Molière demuestra que seguimos donde estábamos. Que en la pareja siguen los tipos de interés, monetario y amoroso, y que sigue el triángulo equilátero del amor: sexo, amor y matrimonio, cada uno por su lado alegrándonos y jodiéndonos la vida.

El segundo acierto de Juan Duque es de escenografía: meter la comedia en una jaula, tornasolada jaula de colores de rejas y personajes fríos, celestes y azules, o cálidos, rosas y rojos. Como árbitro, quien va de negro es el padre, Gorgibus (de gorge, garganta). Si formara pareja, su juez de línea sería la criada Marotte, también de oscuro. Padre y criada tienen la visión práctica y realista de la vida: las niñas por casar son una lata y un gasto difíciles de soportar. En su jaula, como pajaritos, están Magdelon (Madelaine Béjar, actriz, mujer y socia de Molière) y Cathos, hija y sobrina, las preciosas ridículas, columpiándose siempre; otro acierto, el columpio, metáfora y balancé donde quieren llegar La Grange y Du Croisy, viejos y feos y, encima, sin romanticismo, que era lo que echaban en falta las muchachas: galanteo y cosquilleo, más que noche de bodas, ¡un hombre desnudo, qué horror! Antes de Molière, pero también de Molière, Don Juan; después de Molière, don Perlimplín.

El tercer acierto es el foso de la música en directo y la insistente pregunta: a ver quién paga los violines. La música, utilizada como en el viejo cine níquel odeón, como en el circo, como en la ópera bufa: para acentuar el trabajo actoral y puntualizar palabras y gestos. El público se lo pasa especialmente bien con el criado marqués pretendiente, papel que Molière reservó para sí el día del estreno: lo granguiñolesco en Mascarille sublima en Magdelon las cumbres del humor y de la caricatura. El falso marqués con su patético y pedante personaje nos lleva al teatro épico y al mejor Valle-Inclán.

El cuarto y gran acierto es sobreteatralizar el texto, ir a favor y no en contra del ridículo. Aunque Molière probablemente nos quiso dar una lección barroca de lo que ni es cielo ni es azul, nosotros tenemos derecho a pensar que lo ridículo (de rídere, reír) no es el lenguaje, a fin y al cabo una moda, sino la persistente sociedad de clases que hace que tanto necio siga confundiendo valor y precio. Las niñas son tan interesadas como el padre, conciben el amor con las mismas lentes. Por su parte, los nobles juegan a ser curiosos impertinentes, sabiendo que el límite está en los títulos; que ellos son de verdad y los criados de mentira, es decir: puro teatro. Por justicia poética, quienes se lo pasan mejor son los sirvientes, con quien el público se identifica, y es fácil ver venir la moraleja del estúpido padre, carca como él solo: la culpa es de la literatura, de quién si no: de las mujeres sabias que cultivan odas, arias, novelas, sonetos, romances o redondillas; de Don Quijote a la francesa o sea.

Hay que decirle a Juan y a Escénica que no decaigan. Un nivel muy digno en dicción y expresión, un teatro, que doblemente enseña lo que enseñan los clásicos, pide más días en cartelera y admite en centros escolares su buen teatro fórum con el público, porque no sabemos si las ridículas son las muchachas, si más ridícula fue la época o, peor aún, si ahí seguimos: pendientes todavía de la pamplina y de la vida social.
Y al público: que guarde silencio y abanico.

Daniel Lebrato, para Las preciosas ridículas, de Escénica y Juan Duque
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Ayer Juan Duque estrenó la obra que dirige. Las Preciosas Ridículas
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Escrito por Administrator   
Thursday, 08 de July de 2010
 Estreno de éxito

Ayer Juan Duque estreno la obra que dirige “Las Preciosas Ridículas”


A pesar del partido de España,  Juan Duque que dirigía y todo elenco artístico y técnico del Centro de Estudios Escénicos de Andalucía, cosecharon un gran éxito tanto de público como de crítica.

“Las Preciosas Ridículas” resulto una desternillante comedia que levanto carcajadas entre un público que a pesar del calor que hacía en la sala ovacionó a todos por la magnífica interpretación.

  
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A demás de Juan Duque que dirigió conto con:  

Con los actores: Inés Vidal, Aida Santos-Allely, Juan Carrillo, Jordi Minguela, José Carlos Carmona, Belén López-Escobar, Jorge Lora y Manuel Bernal Cátedra. 

Música original y en directo: Daniel Abad.
Piano, acordeón: Paulo Medal
Voz: Alicia Duarte
Dj, percusiones: Carmelo Gómez
Guitarra: Bosco Valero
Flauta y teclado: Emilio Arévalo 
Peluquería y maquillaje: Curro Margo  

Más información en http://www.ridiculas.tk/